Caminar por el casco de Beleña de Sorbe

Beleña de Sorbe es un pueblecito situado al borde mismo de la Sierra de Guadalajara. Pertenece administrativamente a Cogolludo y tiene una de las iglesias románicas más interesantes de la provincia. Pero es que, además, su entramado urbano forma uno de los conjuntos históricos más singulares del noroeste de la provincia.

La iglesia es el elemento más destacado del patrimonio local. Durante muchos años estuvo abandonada y corrió serio peligro de desa-parición, pero fue restaurada a tiempo y hoy podemos admirar su bello e interesante mensuario, que es junto con el de la iglesia de Campisábalos, dos ornamentos únicos en el románico de la provincia de Guadalajara.

La primitiva iglesia data del año 1170, que fue cuando el rey Alfonso VIII otorgó la villa a la familia Valdés, y por lo tanto dejando ésta de formar parte del Común de Villa y Tierra de Atienza. El poblado empieza a adquirir cierta notoriedad y se hace necesario construir un nuevo templo en pleno siglo XIII. De esta iglesia solo nos ha llegado una galería porticada y la puerta de acceso al templo con el mensuario. En los siglos posteriores el templo sufrió muchas reformas, algunas más acertadas que otras.

El pórtico de la iglesia está sostenido por numerosas columnas que forman arcos y la mayoría de sus capiteles están decorados con motivos vegetales. Conviene detenerse, como hemos dicho, en el mensuario. Magnífico, cautivador. Se sitúa al lado de la puerta de acceso y allí el viajero encontrará también un panel explicativo que va narrando las diferentes escenas del calendario: primero dos ángeles que representan el Bien y el Mal. Le sigue la representación de enero con la matanza del cerdo y con un hombre que clava su cuchillo en el cuerpo del animal. Seguidamente aparece diciembre y vemos un hombre sentado en una mesa repleta de alimentos. El mes de febrero se ilustra con un hombre que se calienta cerca del fuego con los faldones levantados. En marzo vemos a otro tipo masculino podando los árboles y arbustos preparándolos para la primavera; abril queda representado por una chica que sustenta en sus manos unos ramos de flores. En mayo, un noble a caballo que tiene un halcón en su mano izquierda, mientras los meses de verano quedan inscritos con las imágenes de un labrador limpiando de malas hierbas los campos, la recolección y la siega con la hoz y un arado tirado por dos bueyes.

Los meses otoñales están prácticamente dedicados al vino. Por un lado, en septiembre se ilustra la vendimia recogiendo los racimos de la cepa. En octubre, el vertido del mosto en una cuba de madera para fermentar y en noviembre, llega el tiempo de la simiente de los campos. Se completa este interesante grupo escultórico con los capiteles que sustentan las columnas. La iglesia de Beleña es una joya del Románico Rural guadalajareño.

Pero conviene pasear por el pueblo, disfrutar de sus rincones, admirar el conjunto que forma su estampa a medio camino entre la Campiña y la Sierra. Del castillo de Beleña, llamado de doña Urraca, apenas queda nada. Está en estado de ruina y sólo se conservan dos paredones con ventanas y los cimientos del patio de armas. Cerca del pueblo y para cruzar el río Sorbe, que por estos lares viene encajonado, hay un interesante puente de origen medieval que bien merece una visita.

Dicen las leyendas, que también hay por estos lares, que cerca del puente están los baños de doña Urraca, que era el lugar preferido en el que la reina solía tomar sus baños en las frías aguas del Sorbe. Es sólo una leyenda, aunque la Historia siempre nos deja recovecos por donde colar nuestra imaginación. Cerca del caserío de este pueblo se ubica la presa de Beleña, que retiene las aguas del río para suministrar el líquido elemento a los pueblos de la Campiña y a la zona del Corredor del Henares a través de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe. Beleña siempre sorprende al viajero.

El sábado 1 de febrero volverá a recorre las calles de Beleña de Sorbe, la botarga. Recomendamos ir a conocerla